martes, 4 de octubre de 2011

Refexiones de un desencuentro teatral (parte 1)


Por Camilo Zaffora

Ya no puedo ser objetivo con respecto al Laboratorio Escuela de Expresión Corporal Dramática. Me he enamorado de su teatro y su búsqueda de tal manera, que se me hace difícil ir a ver una obra cualquiera y no juzgarla desde lo que he vivido en la escuela. Lo que me está pasando es algo que les ocurre a todos los que acumulan cierta experiencia en un campo determinado de las ciencias y las artes: se identifican con lo que aprendieron, y su conocimiento se vuelve una lente desde la cual observan lo nuevo.

Yo ya sé que busco en una obra de teatro: que me toque el corazón. Quiero enamorarme del actor y para eso hace falta que se desnude, que se comparta a sí mismo tal como es. TODO lo demás es secundario. La técnica actoral, la temática, el compromiso político de la puesta, el concepto, la dramaturgia, la escenografía, el vestuario, el “talento” de los intérpretes. Si no está esa chispa, esa revelación de si mismo del actor, el resto me da igual.

Cuando profundizas en una técnica, desarrollas una forma de mirar teatro. Una actriz entrenada en la antropología teatral con Eugenio Barba ha sabido señalarme la falta de técnica corporal, la imprecisión en los movimientos y las fugas de energía en una obra de Laboratorio. A un dramaturgo le pueden hacer ruido los puntos flojos y las obviedades de un texto. Por mi parte, detecto al instante un actor que se esconde en su técnica, cuando no está ahí sino que hace como que está. Cuando me miente su presencia en el escenario.

Estas y otras reflexiones fueron detonadas por un viaje y por una confrontación. En julio pasado, Jessica Walker y tres de sus actores asistimos a un Seminario Internacional de Interpretación en Noruega. Además de Jessica, dictarían sus clases dos maestras de teatro (una rusa y otra búlgara) educadas en el método Stanislavski. Lo que ocurrió fue el encuentro nada armonioso de la metodología del Laboratorio con una de las escuelas fundacionales de la actuación del siglo XX.

Durante dos semanas, tuvimos la experiencia de que nuestro trabajo fuera analizado (y descalificado) a través de la pesada y polvorienta lente stanislavskiana. Nuestra dificultad para adaptarnos al método en sus clases fue equivalente a la que tuvieron los demás actores para asumir la libertad creativa propuesta por Jessica.

Vengo de un país en el que no hay escuelas importantes de teatro. Allí la formación del actor es ecléctica y variada. Lo normal es que el estudiante de interpretación se forme con diversos profesores, que sea flexible, que beba de diferentes fuentes, haga cursos, cursillos y seminarios durante toda su vida para ir llenando su caja de herramientas. El famoso “todo sirve”. En Argentina, los mejores actores que han surgido en los últimos 20 años se han formado saltando de taller en taller de teatro, clown, danza, mimo, etcétera etcétera. Yo solía comulgar con esta idea. Pero me encuentro ahora en una situación diferente. No creo que todo me sirva. O mejor dicho, algunas cosas me sirven para ver claramente lo que no me sirve. Hay ego en esta afirmación, pero también honestidad.

Las dos semanas noruegas, y otros encuentros posteriores con actores de otras escuelas de actuación, despertaron una serie de meditaciones sobre el teatro, la actuación, la pedagogía y la dirección teatral, que iré presentando las próximas semanas.

La primera es que el arte y la pedagogía piden a gritos una aproximación sin preconceptos. Esto es un llamado de atención para mí también. La teoría es muy seductora, pero puede volverse una cárcel dolorosa tanto para los alumnos como para los profesores que intentan enseñar en base a la misma. Si se toma al pie de la letra, una tradición valiosa y revolucionaria como la del venerable maestro ruso puede volverse un obstáculo para alcanzar lo vivo en el teatro. Lo vivo fluye. Lo rígido no.

 "Los bajos fondos" de Maximo Gorki, dirigida por Konstantin Stanislavski.

viernes, 22 de julio de 2011

Sí todos!!!!

Por Jessica Walker

Hamlet un Tango (2007) - Dirección: Jessica Walker

Tanto en la primera clase que te veo como en la última, sé con certeza que tu y yo ¡estamos vivos!
Que tú y yo tenemos la misma oportunidad de vernos mas allá de nuestro personaje.
Que tú y yo estamos hambrientos de lo mismo, ¡RENDIRNOS AL AMOR!

Nuestra excusa: El Teatro, como una invitación a ser sanados. El escenario es la excusa perfecta para entrenar, desarrollar y sostener un estar presente.
Sin mirarnos a los ojos, sin diálogo entre nosotros, sin espacio sagrado, sin meditación, sin disciplina gozosa no hay teatro. Porque si somos tomados por la forma de un cuerpo, un elemento o una escenografía, quedaremos atrapados en una belleza que nos distrae.

El ego funciona por efecto, no por contenido. La naturaleza del ego es antojadiza, caprichosa, llama la atención para su importancia personal, para su propio beneficio, quiere ganar para sentir que otro ha perdido. En el escenario, muchas veces, tu piensas que pierdes cuando tienes segundos papeles o solamente haces de coro. Pero si tienes comprensión de quién eres, de tu amor, de tu servicio, esos segundos papeles son la puerta al cielo, se transformarán en papeles memorables llenos de puro gozo, el teatro recobra su atributo de sagrado, una fiesta sagrada donde todos sus participantes conectan con su estar, con su movimiento propio, el espacio sagrado es un espacio que puede ser tocado por todos. Está vivo y se enciende cada vez que tu corazón se entrega.

Aprender a conservar nuestra paz en el teatro no es fácil, por ser una profesion intrínsecamente egoica, donde el casting aleja la esencia, donde tenemos menos escenas que el otro, duele. No podemos entrar a la presencia desde aquí.

Yo no soy la ansiedad, pero sí creo que lo soy. Sólo en la paz podemos recordar nuestra unidad, distinguir entre lo que soy y lo que no soy. Trabajar en grupo. Sin dudas no somos el letrero luminoso que dice "NO Puedo, NO Valgo, NO Sirvo", que se instala en nuestra mente literalmente a robarnos nuestra intencón de sanar. Porque el teatro es sanación, el arte es sanación. Y todos podemos ser sanados. No hay ninguno que no.

Libertad, gratitud y respeto es lo que buscamos aprender en clase, con toda nuestra locura creativa al servicio de nuestro aprendizaje, para poder dar. Y así mostrar nuestros miedos sin miedo... comenzar a sanar la mente.

Lo podemos hacer juntos.
Cuando siento que estás realmente aquí, cambia todo y seguramente para tí también. El espacio es tomado por tu energía. Y nos podemos ver, reír y agradecer.

¡Sí todos!
Y con esto no quiero asustarte, sino solo recordarte que la magia del amor es que ¡Sí todos!. Un creador ama, bendice y trabaja.
El amor es mágico y es dulce.
¡Sí todos, sí todos!
Y es inevitable.


Publicado originalmente en la revista ahoraYoga nº 9.

lunes, 4 de julio de 2011

Galería de Fotos: Hamleti

Imágenes de "Hamleti", el Halmet de segundo año de la generación 2009/2011, que realizará su tercer semana de funciones el próximo viernes 8 y sábado 9 de julio de 2011 a las 19 horas en el TeatroLaboratorio, Passeig de Sant Antoni Abad Nº 5, entre Urgell y Floridablanca (Metro Sant Antoni). Dirección de Jessica Walker. Fotos: Jorge Gareis.





martes, 28 de junio de 2011

Galería de Fotos: El si, El no, Elsinore

Imágenes de "El si, El no, Elsinore", el Halmet de segundo año de la generación 2006/2008, reestrenado en abril de 2009 en la Nau Ivanow con motivo del décimo aniversario del Laboratorio Escuela. La obra fue estrenada originalmente en junio de 2008, con dirección de Jessica Walker. Fotos: Jorge Gareis.






Las dos últimas funciones de "Hamleti", el Hamlet de la generación 2009/2011 son este sábado 2 y domingo 3 de julio a las 18 horas en el TeatroLaboratorio, Passeig de Sant Antoni Abad Nº 5 (entre Urgell y Floridablanca, a 50 metros del Mercat de Sant Antoni).

lunes, 20 de junio de 2011

Galería de Fotos: Espérame en el cielo.

Imágenes de "Espérame en el cielo, corazón", el Halmet de segundo año de la generación 2007/2009. Fue presentado los días 27, 28 de junio y 4 y 5 de julio de 2009, con dirección de Jessica Walker. Fotos: Jorge Gareis.



sábado, 11 de junio de 2011

Solos en Laboratorio

Por Jessica Walker

Solos de segundo año (2010) - Dirección: Jessica Walker. Foto: Jorge Gareis


Un proceso creativo es un proceso humano y un proceso humano es un proceso libre. En libertad encontraremos la disciplina gozosa y el rigor que el teatro necesita.

El proceso creativo de Solos en Laboratorio lo realizan los alumnos de segundo año de la escuela durante tres meses, casi a diario. Muchas horas.

El propósito del entrenamiento amplía y desarrolla las dos vías fundamentales de la escuela: el crecimiento personal y el crecimiento actoral.

La apuesta es mostrarlo todo. La importancia de la experiencia es mayor que la importancia del concepto. Todo en el escenario tiene que aprender a ser escuchado, comprendido, para que no le tengamos miedo a hacer lo que tenemos que hacer. La mirada del que está delante de ti, cruzando el agua de la creatividad, te lo da todo -aunque esté escondido en una superficialidad por miedo a ser herido, más herido-.

Cuando comienza el trabajo, ambos -actor y director- literalmente se casan, pronuncian el sí, cierran los ojos y entran juntos al espacio sagrado. Se transforman en magos al mismo tiempo, meditan y accionan.

La misión de un director-creador es guiar, sostener, expandir y darle una visión global al actor-creador.

La misión del actor-creador es entregarse a sí mismo, para que pueda entregarse al proceso creativo, a la existencia del personaje, a los otros, al público, a Dios.

Como parte de la metodología se le pide al alumno-creador su propio material, para dar a luz a su propia dramaturgia.

El director-creador estimula, guía por donde, provoca la experiencia, pero es el alumno el que encuentra. Esa es la pieza clave del puzzle. Desde ahí se dispara la comprensión de lo que se hace y el disfrute total.

El alumno-creador es tocado por la experiencia, la flecha de cupido clava su corazón, como si hubiese encontrado a su enamorado ¡el teatro!. No el concepto del teatro, sino la experiencia del teatro.

La comunión del proceso creativo, el dialogo de creación, se pone en marcha y se eleva.

El llamado es para que ambos, el actor y el director, lo den todo. Ése es el verdadero milagro, el sueño. El ego jamás se detiene a esperar y si espera es para masacrarnos mejor. Está tan lleno de juicios, en permanente desconfianza, separado de todo. Sin embargo, cuando nos unimos para trabajar de verdad... que te tome. El llamado a crear se sella y tiene nombre... Amor.



El sábado 18 y domingo 19 de junio de 2011, de 15 a 18 horas, se realizará la muestra de alumnos de segundo año de fin de semana "Solos en Laboratorio", con dirección de Jessica Walker.  En el Teatro del Laboratorio, Passatge de Sant Antoni Abat nº 6, cerca del Mercat de Sant Antoni (Metro Sant Antoni)

Artículo publicado originalmente en la revista ahoraYoga nº 3.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Galería de Fotos: Hamletgrafía

Fotos lo-fi -tomadas durante el Existimos- de Hamletgrafía, obra final de tercero de Laboratorio, inspirada en el Hamlet de Shakespeare. Fue presentada los días 6, 7, 8, 13, 14 y 15 de mayo de 2011 en el Teatro del Labo. Dirección: Jessica Walker.








lunes, 16 de mayo de 2011

Laboratorio de Dibujo

Laboratorio de Dibujo es un proyecto apoyado por el Colectivo Laboratorio, que ofrecerá dos sesiones a puertas abiertas  los días sábado 21 y domingo 22 de mayo de 11:30 a 13 horas. Se invita especialmente a dibujantes y artistas plásticos en general. Las sesiones tendrán lugar en el Teatro del Laboratorio, Passeig de Sant Antoni Abad nº 6 (Metro Sant Antoni).

  "Persecución caníbal", por Roberto Silva - "Ofelia Interrumpida" (2008)


Laboratorio de Dibujo nace en 2007, formando un laboratorio activo entre  artes plásticas y escénicas, ambas visuales. La inspiración de Laboratorio de Dibujo nace de Elena Bylund, trabajando como modelo de artes plásticas durante varios años donde experimenta la hermandad entre el pincel y el movimiento orgánico del cuerpo humano.

El origen de la palabra “danza” sugiere que el acto de danzar puede ser comparado con el acto de dibujar. El artista plástico persigue la forma mediante la línea, mientras  que el modelo persigue el espacio mediante la línea de su cuerpo. Una postura corporal es una forma y un vacío, una línea que despierta memorias y emociones, la sustancia emocional. ¿Cómo transmites tu estado mediante una postura o un movimiento?, ¿Cuál es el producto plástico del estado interno del modelo?, ¿Cómo será el dibujo del movimiento corporal, la danza de un pincel? 

En 2008 a través de Laboratorio de Dibujo se crea “Ofelia”, una obra teatral interpretada por Rebeca Martín y Elena Bylund,  y la exposición plástica de los dibujos originados de la obra por el pintor Roberto Silva. Representada en el festival de Hausmania en Oslo, Noruega, el Teatro Rai en Barcelona y la Galleria Guatibiri en San Juan, Puerto Rico. “Ofelia” se reactualiza en 2009 como “Ofelia  Interrumpida”, interpretada por Julieta Dentone y Elena Bylund. Exposición plástica por Roberto Silva. Fue representada en la “Biennal of Young Artists From Europe and The Mediterranean”, en Skopje, Macedonia.

Actualmente el equipo artístico de Laboratorio de Dibujo está compuesto por ocho artistas escénicos (Germán de Diego, Julieta Dentone, Natalia López Santa Cruz, Herman Solazzo, Loida Farelo, Daniel Casellas, Aymara Padrón y Elena Bylund) con experiencia en el trabajo de modelo artístico. Hemos ofrecido sesiones de modelos en movimiento en el Cercle Artístic de Sant Lluc durante 2009-2010.

Dibujos de Roberto Silva - "Ofelia Interrumpida" (2008)

Laboratorio de Dibujo propone un diálogo entre artistas escénicos y plásticos. Un espacio de encuentro y creación,  desde el propio material y las herramientas de cada uno. Nutriéndose los unos de los otros. Modelo y pintor van juntos. Se encuentran en un proceso dinámico invisible que los abarca. El pensamiento y la técnica quedan al servicio de la expresión dinámica que ocurre entre ellos. Se desarrolla dentro de un marco contemporáneo facilitando un enfoque alternativo para la plástica y el escenario.

Desde el aspecto del trabajo plástico la propuesta pretende romper con el clásico modelo al natural y hacer un planteamiento diferente. El dibujo del gesto no solamente involucra el movimiento físico si no un concepto más profundo de su identidad esencial, una búsqueda de lo interno, del origen del gesto.


"Nativity", por Roberto Silva - "Ofelia Interrumpida" (2008)

La sesión de Laboratorio de dibujo consta de modelos profesionales. Los mismos están entrenados en el teatro y la danza. Se utiliza música como elemento ambiental e instrumental para cada sesión. Los actores/modelos trabajan en conjunto y separados dentro de un mismo escenario. Su trabajo físico abarca amplios registros teatrales y visuales. Con sus cuerpos componen y descomponen imágenes. Operan a base de improvisación basándose en la emoción y el estado. Investigan en el equilibrio y el desequilibrio, jugando así con la geometría de sus cuerpos y el espacio. Buscan estados de inmovilidad y movimiento. La sesión dura una hora.


Contacto: Elena Bylund elenabylund@gmail.com

lunes, 9 de mayo de 2011

Hamlet y la pérdida de la inocencia

Por Dani Casellas Sulé
Hamletgrafía (2011) - Dirección: Jessica Walker - Foto: Jorge Gareis

Hamlet es una obra infinita, una figura llena de huecos que cada uno llena con su propia vivencia de la vida. Es por eso, y por lo profundas que son las líneas que conforman esa figura incompleta, que Hamlet es una obra eterna.

Para mi uno de los temas clave de Hamlet es la pérdida de la inocencia. Nietzsche decía que un pesimista es un idealista desilusionado. Ese es Hamlet.

En algún momento anterior al libro, Hamlet estaba lleno de inocencia, lleno de ilusión. Ilusión de bondad, de pureza, de justicia, de fraternidad, ilusión de un amor puro. Y como más inocencia, como más ilusión, como más alto es el vuelo, mas alta es la caída, mas grande es la perdida. Y Hamlet lo pierde todo, Hamlet pierde el mundo y finalmente también la vida.

La inocencia se sustenta en la creencia de que existe un espacio incorruptible, virgen, puro, donde la maldad y el miedo no pueden llegar. Ese espacio, al que podríamos llamar espíritu o esencia, es vivenciado a través del contacto íntimo con uno mismo. Sin embargo, ese espacio necesita un reflejo afuera para poder ser sostenido, así, tiende a ser proyectado afuera, en figuras que para uno representan esa nobleza y pureza y a través de las cual la persona siente el reflejo de ese espacio propio y le ayuda a sostenerlo. Ese espacio tiende a ser proyectado de pequeños en los padres.

En Hamlet ese espacio es proyectado en una madre y un padre distantes. Padre distante por estar en la guerra defendiendo el honor de su país, que tal como dice el sepulturero ganó la guerra a Noruega el día que nació Hamlet, así que no estaba ni cuando nació. Madre distante que no conoce al hijo, que considera a Rosencratz y Guildernstein como sus mejores amigos, dos personajes que no dudan un segundo en traicionar a Hamlet, encerrada en sí misma, en su propia necesidad, que no logra ver a su hijo.

Desde la distancia, Hamlet los idealiza. Su padre defendiendo la patria con valentía y su madre esperándolo con amor y recato. Hamlet los ensalza en las cumbres hasta que caen, los dos, de repente. La madre corriendo hacia un lecho de sábanas incestuosas, mientras que el padre le exige venganza, le exige que él también se ensucie las manos, el padre le pide al hijo, el padre deja de ser padre. Los dos caen, y con ellos la percepción de Hamlet del bien, la fe en el bien, pero sobretodo también cae la fe en el amor. Un amor también idealizado por nunca verlo, Hamlet también idealiza el amor de sus padres, y este cae con ellos.

En Hamlet se da una conciencia súbita de que los propios padres no son especiales, no son diferentes del resto del mundo, sino que forman parte de la corrupción de este.

El mundo entero cae con ellos. Ya no encuentra referente externo donde apoyar su experiencia, su deseo, su ilusión de pureza. El exterior no cuadra con su vivencia interior. Sus acciones, sus creencias, sus deseos y miedos también dejan de cuadrar con la visión que tiene Hamlet de él mismo. Hamlet también cae. Hamlet también se ha idealizado a él mismo.

El proceso de Hamlet es el de darse cuenta que él no es diferente, como tampoco lo eran sus padres, que él forma parte de la humanidad, una humanidad podrida, como podrido también lo está él mismo.

Cuando una ilusión es destruida, esta se convierte en rencor, hacia el exterior por ser el culpable de esa destrucción, y hacia uno mismo por haber sido tan estúpido e inocente por creérsela.

Hamlet se pasa toda la obra intentando hacer que el resto de personajes sientan lo que él siente: que es un canalla, que está podrido. Y poco a poco todos los personajes van sucumbiendo a las trampas, a las pruebas que les pone Hamlet. Hamlet los prueba, los enfrenta ante su maldad, deseando que alguno se salve para así poder mantener la esperanza de su propia salvación. Pero ninguno pasa la prueba. Quizás es que Hamlet, a esas alturas, ya no quiere ser salvado. Ofelia tampoco pasa la prueba. Ofelia lo traiciona, lo espía, cede a las demandas del rey y de su padre, pero sobretodo, Ofelia duda del amor de Hamlet.

Hamlet, en el fondo, lo único que busca es un resquicio de pureza afuera, en los demás, donde poder agarrar su sentimiento interior de bondad. Pero no lo encuentra. Necesita que Ofelia crea en el amor para convencerse de que él mismo no está loco creyendo en él, pero no lo encuentra.

En mi experiencia en Hamletgrafía, Hamlet se da cuenta, en la muerte, del personaje que ha representado en la obra. En la muerte es capaz de distanciarse de ese personaje lleno de culpa, rencor y odio, y puede ver desde esa esencia inocente, en la persona que se ha convertido, en el personaje que ha creado su tragedia. Y esa experiencia le llena de pena y rabia, pero sobretodo, de compasión hacia él mismo y hacia los demás personajes. Hamlet se da cuenta que el personaje que él mismo ha creado en sí y que tanto odia, ha sido quien ha escrito la tragedia, pero ya es demasiado tarde. Hamlet, otra vez llega tarde, la posibilidad de amor ya está bajo tierra.


"Hamletgrafía" se presenta este viernes 13, sábado 14 y domingo 15 de mayo a las 18 horas en el Teatro del Laboratorio, Passeig de Sant Antoni Abat nº 6 (Metro Sant Antoni).

martes, 3 de mayo de 2011

El trabajo sobre el ego


Por Camilo Zaffora

Solos 2008 - Dirección: Jessica Walker - Foto: Viky García


El ego es el gran obstáculo para llegar a lo sagrado en el teatro, y para la verdadera entrega del actor. En el Laboratorio aprendes a observarlo, y a detectarlo cada vez que te pone palos en la rueda. ¿Qué es el ego? Es esa parte de nuestra mente que separa y juzga.

Trabajamos sobre nuestro ego. Y de hecho, el segundo año del Laboratorio (la experiencia teatral propiamente dicha) puede ser visto como un estudio en profundidad sobre el ego. En el primer trimestre el Solo (tu ego contra ti), en el segundo trimestre el dúo (tu ego contra tu compañero) y en el tercer trimestre Hamlet (tu ego en un grupo). En este sentido, la elección de Hamlet como cierre de la formación del Laboratorio no es nada casual, ya que probablemente sea la obra más perfecta jamás escrita sobre el ego del ser humano, expresado en su manifestación más básica: la dualidad (“Ser o no ser”). Pero esto es material de otro artículo.

El mencionado trabajo sobre el ego que se realiza en segundo año del Laboratorio no tiene por fin efectuar un análisis del mismo: el enfoque del Laboratorio está muy lejos de ser psicoanalítico. No es la idea conceptualizar el ego, sus porqué y sus cómo. Sólo se trata de sacar a la luz. Antes de empezar los Solos, se te propone que el tema elegido para desarrollar tu trabajo sea “tu” tema. El tema de tu vida. De ahí ese cariz autobiográfico que suelen adoptar la gran mayoría de los Solos. “Tu” tema suele ser aquel que te produce sufrimiento, que te bloquea o te avergüenza. Así, los temas elegidos (miedo al abandono, maltrato, las tendencias autodestructivas, inseguridad, incapacidad de decidir, la búsqueda frustrada del amor, la niñez maltratada, el odio a los demás y tantos etcéteras como alumnos del Laboratorio hay) no suelen ser otra cosa que los múltiples disfraces del ego. Los temas en realidad son uno solo.

Ahora bien, cuando a eso que te tortura lo vuelves materia prima creativa, cuando lo llevas a escena, lo poetizas, lo exteriorizas y lo sacas a la luz (cuando su fuerza radica en que es un aspecto de nosotros que preferiríamos ocultar), lo pones frente a tu conciencia, le otorgas tu presencia y lo “vives” hasta el final, en el aquí y ahora de la escena, ocurren dos cosas:

1)     Se vuelve inofensivo. Pierde gravedad, se debilita como fuente de infelicidad. Abrazar a tu sombra en lugar de juzgarla es pura sanación.
2)     Se vuelve sagrado. Pues todo lo que es “vivido” en escena sin juicio, se vuelve bello. La belleza surge. Aparece Dios a través de ello.

El Laboratorio busca poner al ego bajo la luz del Ser. Tanto en la elección de tu tema como durante el propio proceso creativo. Iluminar, compartir lo que te hace sentir solo y desgraciado (el miedo, el juicio, el “no puedo”, el “no me sale”, el “otro lo hace mejor”, la duda, el “estoy perdido”). Frente a todos los ataques del ego durante el proceso de creación del Solo, la consigna es una sola: Trabaja.

Cada vez que el ego te asalta, juzgándote mientras estás en escena, lo exteriorizas. Eres honesto con eso que ocurre, no intentas esconderlo. Con el tiempo y el entrenamiento, el ego te va dejando cada vez más libre en escena.

Con tu compañero, el ego te enfrenta (él lo hace mejor, o peor, me bloquea, me molesta, lo hace mal, su propuesta no funciona, es demasiado distinto a mí, porque diablos me tocó con él). Afuera. No protejas a tu compañero de ti. Obsérvate en el juicio en el que estás. Todo lo que ocurre. Tu compañero te da un regalo incalculable, especialmente si te genera rechazo. Sólo puedes trabajar si apuestas por él (por la conexión, por la unión y el amor) por encima de tu ego. Cuando sigues sea como sea. Con cualquiera se puede crear, también con quien tu ego rechaza.

El dúo es un estudio sobre las relaciones. Sobre el sabotaje, juicio, y todo lo que no te permite “ver” a la otra persona. Cada relación es una oportunidad de aprender de ti mismo y de sanarte.

Y el Hamlet, finalmente, recupera y potencia el Solo y el Dúo. Y contra todos los pronósticos, el trabajo en un colectivo provoca que el ego vuelva a estallar, y tu capacidad de trascenderlo es puesta a prueba una vez más.